sábado, 6 de junio de 2015

YELTSIN, EL SUICIDIO QUE NO PUDO SER.

Creo merece la pena reproducir un pequeño extracto de las Memorias de Gorbachov en el que habla posiblemente del mayor traidor a la U.R.S.S., mayor incluso que el propio Gorbachov. En noviembre de 1987 Yeltsin había aparecido en la prensa extranjera con una propuesta de debate, según Gorbachov dicha propuesta estaba considerablemente desfigurada, Yeltsin no la desmintió, Gorbachov convocó al Politburó para tratar el problema del comité municipal del Partido de Moscú ( o dicho con otras palabras se convocó al Politburó para expulsar a Yeltsin del Comité Central del PCUS) y entonces aconteció los siguiente:

 
"Al final de la mañana -creo que era el 9 de noviembre (1987)- se me anunció que había sucedido algo increíble en el comité municipal del Partido en Moscú; habían descubierto a Yeltsin cubierto de sangre en la habitación de descanso. Se encontraba allí un equipo de médicos dirigido por Chásov. Pronto se aclaró lo ocurrido: Yeltsin había simulado un suicidio con unas tijeras de escritorio. Su acción no podía interpretarse de otro modo.
 
 En opinión de los médicos, no había peligro de muerte; las tijeras habían chocado con una costilla y sólo habían dejado una marca sangrante. Yeltsin fue transportado al hospital y los médicos hicieron todo lo posible para que aquella penosa historia no llegara al público. Así se construyó la leyenda de  que Yeltsin estaba sentado a la mesa en la habitación de descanso y se había herido clavándose por casualidad la tijera que en ese momento tenía en la mano. Esto, sin embargo, no satisfizo en absoluto a Yeltsin, quien unos dos años después hizo correr otra versión según la cual habría sido objeto de un intento de asesinato durante la noche. Dos gamberros armados de navajas se le habrán echado encima; él, naturalmente, los había derribado, pero había recibido una navajazo. Por aquellas fechas conocía ya la capacidad de Yeltsin para inventar historias".
 
Mijaíl Gorbachov. Memorias. Plaza & Janes Editores S.A. 1996.
 
 
A pesar de todo Gorbachov no decidió prescindir de Yeltsin, craso error.
 

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